Thursday 21 April 2011

Otro apocalipsis

Un mundo sin fronteras, ni ciudades habitadas. No hay suficiente agua, alimento, dinero o ropa. Como en la mayoría de las películas apocalípticas, todos nos vemos sucios y descuidados, más parecidos a un animal salvaje que a los seres que formaron parte de grandes civilizaciones.

Los insectos se están apoderando del mundo. Sus colonias son vez son más numerosas. Se han alimentado con los desechos humanos producto del apocalipsis, de los cuerpos en descomposición, de los alimentos podridos abandonados en refrigeradores, supermercados, granjas y fábricas. La mayoría de las especies más infecciosas han crecido hasta tres veces su tamaño y son cada vez más peligrosas para los seres humanos. Les atrae la materia viva, los colores fosforescentes y el calor. Es imprescindible tratar de alejarnos de ellos.

La gente vive en algunos poblados alrededor de algún restaurante o de algún campamento. La mayoría de los sobrevivientes son humanos que con el apocalipsis perdieron la memoria y sólo tienen recuerdos vagos, como sueños, de sus realidades pasadas. Sólo aquéllos más fuertes sobrevivieron. Hay pocos niños, normalmente huérfanos o que han perdido a sus familias. No saben lo que es una familia, una madre o un padre porque sus padres tampoco saben de eso, simplemente no los recuerdan.

Casi no hay viejos. Los pocos ancianos que quedan son como tesoros para la reina loca y viven con ella en su palacio. Los ancianos son los únicos que todavía recuerdan cómo era el mundo antes del apocalipsis, aunque cada vez más viejos, pierden poco a poco sus recuerdos. Viven al cuidado de los guardias y tienen prohibido salir o hablar con los jóvenes. La reina loca es la única que tiene derecho a hacerles preguntas. Esperan y anhelan la muerte en un mundo sin futuro en el que el pasado solo tiene sentido para ellos y para la reina loca que teme tanto que la humanidad vuelva a cometer los mismos errores.


Por eso, ante la menor sospecha de que alguien es capaz de recordar algo: sucesos, rostros o experiencias personales, es perseguido y enviado por "los doctores" a una "limpia mental" en la que es sometido a electro shocks atado a una cama de fierro antes de ser forzado a altas dosis de medicamentos del olvido.

"Los doctores" también parecen zombis y es por eso que fácilmente siguen las instrucciones de la reina loca, a quien le interesa crear una civilización nueva de sonámbulos que hagan su trabajo como robots de los que hablan los viejos para evitar un nuevo apocalipsis. Reconstruir la civilización desde cero, con gente que no piense, no cuestione, no recuerde, pero que trabaje a cambio de un poco de alimento y una cama donde dormir es el primer objetivo de la reina loca.

Una minoría de guerreros que recuerdan, tatuados en el brazo izquierdo con el arma de fuego que saben usar aun pretende rescatar el pasado despertando a los menos sonámbulos a través de sus recuerdos.

Yo soy una guerrera. No corro tan rápido como los dos compañeros a los que he decidido seguir de un poblado a otro buscando despertares, pero puedo volar y mis brazos son tan fuertes que puedo trasladarme fácilmente entre los tendederos y lianas que unen algunos edificios de las ciudades abandonadas.

Viajo con una bolsa que es la suma de mis pertenencias y cada vez me parece más pesada. Tengo ropas deshilachadas, un cable de internet, las tasas con mi nombre y el nombre de L. que S. una amiga nos regaló en Londres la navidad antes del apocalipsis y dos trajes de baño fosforescentes. Cuando mi nuevo amigo Magus, el enorme negro de rastas todavía un poco lúcido y dueño del restaurante donde paré para comer algo, vio los trajes me pidió deshacerme de ellos. A pesar de ser útiles para cruzar lagos y ríos, si me encontrara cerca de una colonia de insectos agigantados, sería mi final. También sabía que tenía que deshacerme de una de las dos tasas, la única reminiscencia de mis recuerdos de amor y felicidad antes del apocalipsis y quizá la única manera de hacerle recordad a L. si es que todavía estaba vivo en algún lugar del planeta y me lo llegara a encontrar, del amor y la felicidad que compartimos. Me llamó la atención que Magus no dijera nada sobre el cable. Quizá pensó que ni siquiera sabía para que servía y que lo guardaba como otro suvenir del pasado.

Saturday 16 April 2011

Si das, se te regresa doble.

He tenido mucho, mucho, mucho sueños que recuerdo, más que nunca y no los puedo poner todos, Son muchos cortos, otros no tienen ningún sentido, otros se me borran. Desde hace dos meses, estoy así. Pero éste, éste es uno de aquéllos que tiene que quedar registrado.

Estuve en este sueño otra vez en un áshram. Esta vez, me tocó sentarme en la primera fila, me sentí afortunada y aun más cuando vi que justo frente a mí estaría, con su majestuosa presencia, Gurumayi. Todos nos preparábamos para un satsang especial que por alguna razón estaba tardando mucho en comenzar. El salón se llenaba cada vez más y más de gente y mujeres indias vestidas con sus saris correteaban de un lado a otro apuradas por acabar alguna tarea.

Yo moría de hambre y sabía que no aguantaría así por mucho tiempo. Después de ver a un señor comer un pedazo de carne con hueso que se veía un poco asqueroso, especialmente a los ojos de los vegetarianos, decidí sacar mi bolsita de pollo y comer un poquito a poco.

Unas niñas estaban a cargo de repartir prasad, unos dulces mexicanos. Me tocó un mazapán que me hizo agua la boca. Pero cuando abría el mazapán, Baba, sentado también en el salón, a la izquierda de Gurumayi me dijo -L. comparte ese prasad- señalando a una niña sentada cerca de mí. Me llamó mucho la atención que a pesar de que hubiera parecido estar tan atento a las preparaciones del satsang y de que yo hubiera estado sentada un poco lejos de él, siendo según yo, una desconocida para él, me hubiera llamado por mi nombre.

Le ofrecí la mitad del prasad a la niña, cuando caí en cuenta de que su papá estaba con ella, un señor de barba y lentes, bastante grande y fortachón, que obviamente había sacrificado su prasad porque como él, su hija tenía mucha hambre. Les ofrecí el mazapán entero e insistí muchas veces. No aceptaron hasta que dije que había sido orden de Baba y que de cualquier manera yo me quedaría un pedacito.

A los pocos minutos, una niña me ofreció un pulparindo que enseguida ofrecí a alguien más. Poco después, también recibí un dulce de tamarindo con chile. Tres regalos en total, a cambio del sacrificio, de mi preciado mazapán, el cual también llegué a probar. No solo eso, no uno, sino dos gurus, dos gurus en mi sueño, cerca, muy cerca de mí.